11 – 02 – 09
Llego el día para el que fuimos convocados, me desperté muy temprano en la mañana y como era de esperarse el tren demoró más de lo usual. Como si de ahora en más llegar a la Autónoma nos llevará una hora en lugar de 40 minutos como habíamos calculado. Así entre a clase a las 8.10 y las miradas de “esa de ahí es extranjera” pareciera ser natural más que cultural, pues el asombro es el mismo: ojos saltones, miradas cómplices entre los de larga data en la institución y miradas que te siguen como rastreando la huella del objeto extraño. Por su contraparte, la llegada de un ajeno al clan también es llamativa pero esta si que es cultural y personal. En mi caso llegué con un nivel de ansiedad igual a 4 (tomando como máximo el 5), el corazón me latía bastante rápido y busqué sentarme en las banquetas del fondo, casi intentando ser imperceptible y silenciosa; por supuesto, no lo logré. A los 5 minutos llegó el docente de la materia y como si estuviéramos en Argentina nos informo que la clase se pasaría a las 12.30…alcé mis cosas, aproveché a que el profesor salía y me presenté como estudiante de intercambio, le conté mis intereses y así conseguí que él me recomendará un par de docentes relacionados con la temática.
Ahora bien, qué hacer en 2 horas libres? Ya que estaba allí opté por mirar el horario de Ciencias de la Educación Física y el Deporte y corroborar si tenía alguna clase libre de 8 a 10. Así fue como me encontré con Psicología del Deporte, materia que no me dejaron cursar por ser anual. Fui y volvió a ocurrir lo mismo que relaté recién con los extranjeros, los nativos y demás historietas, pero esta vez tomé la delantera y me acerqué a conversar con el docente y preguntarle si podía quedarme un rato y luego irme a otra clase. No tuvo ningún problema así que con mi personalidad un tanto reservada al principio, más aún en una facultad que no es la mía habitualmente y en la que la proporción de varones es de 10 cada 1 mujer, me senté junto a la puerta para escabullirme ligero. Pero allí no terminan todas las problemáticas de un novato en la universidad…a mitad de clase mis compañeros me pidieron apagar la luz para ver bien el retroproyector, yo me hice cargo del pedido y para caer bien en el nuevo lugar presioné la ficha de luz: ¡apagué todo! Los 20 varones y 5 mujeres se rieron y el profesor dijo: oye oye, que no me apagues la luz. La prendí y momento embarazoso aparte casi me muero. Por suerte el apagón me dio tiempo a reducir lo colorado de mis cachetes.
En el recreíto que dio el profesor de Ps. Del Deporte le comenté que era estudiante y le dije que me interesaría conversar con él para ver qué se puede hacer en el área. Concerté una cita y me fui a cursar mi primer materia en Psicología: Evaluación e Intervención Psicológica, nada más y nada menos que con Rocío Fernández Ballesteros.
De momento la clase comenzaba a las 10.20, pero como ya me paso comenzaba a las 10.10 así que llegué a horario. Entré al aula, pregunté a una chica si era esa el aula y me senté. Al tiempito llego R. F. Ballesteros y preguntó si había algún extranjero. Yo y una austríaca dijimos que sí y nos presentamos. Comenzó la clase y por suerte esta vez a la ventaja la tenía yo, en tanto hablaba español y entendía lo que decían. Quién sufrió fue la austríaca que no entendía nada. Sin embargo, me hicieron preguntas relacionadas a mi educación en Argentina y pase algunas risas por parte de mis compañeros. En primer lugar me preguntaron a qué corriente adhería (no sólo a mi, si no a todos mis compañeros), al decir que me gustaba el cognitivismo construccionista la profesora (conductista a secas) dijo “eso roza con la iglesia”, al mismo tiempo mis compañeros adherían la mayoría a las corrientes conductuales y cognitivas, como si, al igual que en Argentina, se hubiesen comprado la oferta de lo que institucionalmente se promociona como científicamente aceptable. Al rato tocamos Psicopatología y otra vez me preguntaron si había visto algo de ello. Una vez más tuve que aclarar que sí pero desde una mirada psicoanalítica lacaniana y en ese mismo momento Fernández Ballesteros dijo: “mmmm, pues eso si que roza con la iglesia” y acto seguido mis compañeros se rieron a las carcajadas.
A pesar de estos traspiés la clase fue fantástica, es una mujer que sabe mucho, que es buena docente y que promueve la participación e inclusión de cada uno de los alumnos. Siempre manteniendo su postura conductual tan científica y certera como ninguna. Otro beneficio de la clase es que somos 18 alumnos y la disposición del aula es magnifica, un cerco di cavallo (herradura) en la que es posible mirarse entre todos, tomar contacto y armar verdaderos debates. He aquí la tercera cosa sorpresiva de la clase, quizá porque son menos o quizá por la disposición de las aulas, los alumnos participan mucho y hacen preguntas y argumentos a favor y en contra de lo que dice la profesora muy bien fundamentados, lo cual estimula mucho el deseo de aprender y de estar sentado allí dentro. Sumado a ello esta vez me sentí en casa, si bien del otro lado del océano, eramos 16 mujeres contra 2 varones y temáticas más familiares, así como discusiones teóricas y epistemológicas que las tocaba de oído. Finalmente la profesora tuvo la amabilidad de estar a disposición mía y de la austríaca para lo que fuere necesario, en tanto eramos extranjeras y quizá necesitáramos más ayuda.
Una vez concluida mi jornada matutina fuimos a almorzar al comedor universitario de la Autónoma con Dami. El proceso para almorzar es el mismo, el precio similar y las variedades también parecidas, aunque la disposición y la calidad del servicio un tanto mejor al de Córdoba. Da igual, pues al fin comimos del mismo modo y la comida cumplió la misma función que allá: ayudarnos a sobrevivir. Una vez concluido esto me vine para casa y pude disfrutar de un tiempo en soledad hasta que llegaron los chicos. Al rato me eché un rato a la siesta y luego me levanté para asistir a una materia que estaba prácticamente descartada: Historia de la Psicología. Allí escuché por primera vez la frase: “aquí vamos a aprender que ni el psicoanálisis es tan malo ni el conductismo tan bueno”…como si cruzarse al otro lado del océano, no sólo implicara que el agua del inodoro girara al revés, sino también que las miradas teóricas y epistemológicas de la psicología viran en sentido opuesto. Esto fue muy interesante como experiencia, ver cómo el estar posicionado de uno u otro modo hace que se pueda apreciar una misma disciplina de distinto modo y no por ello que unos estén más acertados que otros.
Este día dio el puntapié inicial en mi experiencia como estudiante de intercambio no sólo para vivenciar una forma diferente de ver la psicología sino también para comenzar a cuestionarme el por qué de la adherencia hacia una corriente como si fuese verdadera. Al igual que las ideologías, por qué uno defiende un modus operandi y para qué sirve hacerlo si a fin de cuentas muchas veces el sentido común nos deja con muchas más respuestas que incógnitas al momento de resolver problemas…
Para esto mismo me sirvió el escuchar a la encargada de una de las aulas de informática de la facultad esgrimiendo críticas a su modelo educativo y al conductismo como corriente psicológica, lo que me puso contenta de saber que aún dentro de ambientes cerrados uno puede encontrar personas con las que discutir y poner en común ideas que uno tiene sin resolver.
Para finalizar con este día, que algo de fiesta tenía que tener, joder! Fuimos a una fiesta Erasmus en Sol, el centro de Madrid. De todos modos nos quedamos poco porque no encontramos a los chicos que supuestamente allí estaban (Eric, Lucas y Rebe), motivo por el que fuimos a comer algo con Dami y Xime y terminamos, nada más y nada menos que en “El museo del jamón” comiendo unos calamares (rabas) y una paella ibérica magnífica, y por si fuera poco, atendidos por un mozo ecuatoriano muy simpático. Característica que echo de menos en una ciudad tan fría y distante como España. En fin, la paella contenía de los mejores fiambres españoles, según el mozo la característica de ibéricos proviene de que al cerdo se lo alimenta con castañas y bellotas únicamente, lo que le da a la grasa del animal sabores propios.
A decir verdad no se si nos habrá inventado, pero joder ti@ que fue la mejor picada que comí en mi vida…sabrosísima. Tenía queso curado, lomo ibérico, chorizo ibérico, jamón ibérico bellota, salchichón ibérico y morcón ibérico…un manjar!
pendex! q ganas de estar ahí! te imagino con tus ansiedades caminando paso a paso, aunq la verdad es q te describís bastante desinhibida eh? no se si te creo tanto :-p che y no entendí la idea de esta mina, todo roza con la iglesia! pero no me hagas caso q es la envidia... pintales la cara teflonch! y después parate y mostrales tu código de barras en el occipital q dice "hecho en la UNC"!! (eufórico, marcos)
ResponderEliminarjajaja, que grande el mensaje Marquitos! Me encantó lo del occipital =)
ResponderEliminarCómo va todo por ahí?